¿Dónde está Omaha?

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¿Dónde está Omaha?

Como os decíamos en la presentación de la “oveja de Omaha”, desde emfinánciate queremos que todas las personas podáis ser en una de ellas, porque todxs tenemos el derecho a comprar el tiempo suficiente para hacer realidad nuestros sueños.

Para ello, sólo hay un camino y no es otro que llegar a “Omaha”. Un lugar donde tus sueños y metas financieras serán posible alcanzarlos.

Os preguntaréis, pero ¿Dónde está Omaha?

Omaha vive dentro de ti y nosotros desde emfinánciate sólo queremos daros un empujoncito para motivarte y empoderarte lo suficiente para que huyas de aquellas ovejas descarriadas que pululan por internet o en tu entorno cercano, o bien si llevas algún tiempo en el fascinante mundo del ahorro e inversión, de aquellos lobos capitalistas que están deseosos de arrebatarte lo que más quieres.

¿Estáis preparadxs para iniciar vuestro viaje interior para llegar a Omaha?

Desde emfinánciate os hemos preparado varias historias breves de “ovejas” como tú y yo que lograron alcanzar sus objetivos financieros. Intentaremos que sean historias de lectura breve y que podáis sentiros identificadxs para que penséis que también vosotros podéis ser uno de ellos o ellas.

Como comprenderéis, para salvaguardar su identidad y mantener su anonimato los personajes serán inventados y tampoco haremos publicidad de otros datos relevantes como ciudades, empresas o lugares.

¡Empezamos! ¡Vamos allá!

La “independencia financiera” empieza con pequeños gestos

Ana se independizó a los 20 años, al poco de empezar a trabajar en una de las cadenas de supermercados más importantes del país. Estaba muy contenta pues tenía un sueldo cercano a los 1.300 euros mensuales en catorce pagas y tenía por fin “su espacio” para empezar a vivir sus sueños. Por desgracia, su “independencia” no duró mucho tiempo. Pese a vivir en un piso compartido con 2 amigas más, siempre necesitaba de alguna manera la ayuda de sus padres, algo que no se esperaba pues no conseguía ahorrar.

Después de un año de “independencia”, en una noche fría de invierno, Ana entró en una crisis de ansiedad. ¿Tendré que volver a casa de mis padres? ¿Podré algún día vivir sola? ¿Qué estoy haciendo mal?

Ese miedo, motivó a Ana a querer tomar las riendas de sus finanzas. Empezó a surfear por internet en busca de formulas de éxito de ahorro, de inversión, así como de aplicaciones que la ayudaran a mejorar su situación. Había tanta información que no sabía cuál era mejor para ella, ya sin contar de no saber por donde empezar. Por momentos, Ana pensó en tirar la toalla, hasta que Andrés, un amigo de infancia de su barrio, tomando una mañana café, le explicó que no existen formulas milagrosas y que todo dependía de ella. Andrés le explicó que todo dependía de ella, que con perseverancia y motivación todo es posible. ¿Cómo sabes que es así? Preguntó Ana. Andrés le dijo que a veces iba a comer con su padre con un amigo suyo que era economista. Y éste les hablaba de la importancia de establecer objetivos concretos, realistas, relevantes y marcarse plazos para lograrlos. Con su ayuda, Andrés empezó hacerlo y consiguió dar la entrada para un coche a pesar de trabajar a tiempo parcial mientras estudia en la universidad.

Después de ese café, Ana empezó a establecer su plan y comenzó su historia.

Con una aplicación redondeaba sus compras y las desviaba a una cuenta de ahorro, también tenía otra app para gestionar sus finanzas, donde pudo ver que tenía gastos que no le aportaban valor y se autoimpuso un “gasto” de 100€/mes para ahorrar.

Con ese pequeño gesto pudo ver que contaba con 150€/mes para ahorrar.  Con la ayuda de una calculadora financiera vio que en 5 años tendría ahorrados 9000 euros y que si los invierte a una media del 5% anual acumularía cerca de 10.000 euros.  Así fue como Ana empezó a leer sobre productos financieros y a los cinco años tuvo sus primeros 10.000 euros ahorrados.  

En la actualidad Ana tiene 35 años, pudo solicitar una hipoteca e independizarse de verdad y ahora tiene claro cuales son sus nuevas metas y aquel hábito que empezó de joven ya le acompañará siempre.

Como muchos autónomos, Pedro vive al día, con miedos sobre cómo será su futuro, leyendo cada día noticias sobre cómo va el país y las trabas que se encuentra con tantos impuestos y burocracia. ¡Nunca podré jubilarme! Esa era una de sus frases favoritas. Un día de verano, nos encontramos en la playa y le pregunté como le había ido los primeres meses del año. No fue una pregunta cualquiera, se la dije pues siempre dudaba del futuro y vivía pensando en llegar sólo a final de mes.

Pedro, por cierto, tenía 43 años en ese momento y trabaja en una tienda de zapatos heredada de sus padres, que no os lo había dicho.

Me dijo que cada día costaba levantar la persiana y más con tanta competencia online, pero que se estaba digitalizando y no le había ido mal estos meses a pesar de todo. Fue entonces cuando le planteé la posibilidad de destinar de manera directa y sin pensarlo un 10% de la facturación mensual a una cuenta de ahorro remunerada y que una parte de ese dinero lo invirtiera a largo plazo, así acumularía dinero sin apenas esfuerzo y cuando se diera cuenta tendría un capital que le aportaría tranquilidad.

¿Tu estás seguro? Me dijo Pedro, mira que la cosa pinta mal.

Por desgracia el futuro no lo controlamos, sólo el presente Pedro, le respondí. Ahí quedó la conversación y seguimos ese día cada uno con nuestros planes. Al volver de las vacaciones, un día me llamó y me dijo que después de hablar con su mujer había pensado que no tenía nada que perder y que lo iban a hacer, aunque tuvieran que apretarse un poco el cinturón. Me llamaba por si podía recomendarle algunas entidades donde poder empezar.

Me alegré mucho por ellos, le dije que esa era una decisión suya. Le envié información de varias empresas de servicios inversión reguladas para que decidiera con su mujer y que lo hiciera con aquellas que más seguridad le ofrecieran.

Después de esa conversación, pasaron unos años en volver a vernos pues me habían ascendido en la empresa donde trabajaba y tuve que cambiar de residencia.  Dos años después, en una de mis visitas familiares decidí acercarme a su tienda pues quería comprarme unos zapatos.

Allí estaba Pedro y esta vez no me recibió con el mismo pesimismo de siempre, sino con una sonrisa de oreja a oreja. Me estuvo explicando que desde ese día empezó a aplicar lo que le había comentado y que en ese tiempo se había dado cuenta de la importancia de rentabilizar sus ahorros y que ahora ven su jubilación más cerca y que le diera ideas para donde invertir.

Espero que el próximo verano cuando nos veamos me explique que le pareció los artículos que le pasé sobre productos financieros y si se decidió por alguno de ellos.

Luna llevaba tiempo planteándose ahorrar dinero hasta que unos compañeros de trabajo la “invitaron” a seguir a un “exitoso inversor”. Finalmente se decidió a confiar en sus compañeros y a ese “exitoso inversor” y en enero de 2020 llena de propósitos y esperanzas decidió invertir 250 euros cada mes en una empresa de servicios financieros que ese “inversor” recomendaba sin saber muy bien en que consistíasólo con la esperanza de replicar las extraordinarias ganancias que esa persona había obtenido.

Y llegó marzo de 2020 y con él, el coronavirus. Los mercados financieros entraron en una espiral bajista sin que ella fuera consciente, pues como es normal la mayoría de personas vivíamos enganchados a los televisores sin poder salir ni ir a trabajar.

Hacía el mes de Setiembre, Luna me envió un mensaje por si podía llamarme. Le dije que, sin problemas, que sí era urgente que cuando quisiera. Nada más descolgar el teléfono, noté su intranquilidad. Me dijo si era normal que de los 2250 euros que había ido invirtiendo en ese broker sólo tuviera 1350 euros. Le pregunté el nombre de la empresa de servicios de inversión para analizar en qué invertía y cómo lo hacía y quedamos en que la llamaría más tarde.

Después de analizar la plataforma de inversión, observé que Luna estaba asumiendo un riesgo excesivo tal como yo la conocía. La llamé y le estuve explicando si era consciente de los riesgos y características de donde depositaba el dinero. Su respuesta, evidentemente como creo que todos pensáis fue que no, no se podía imaginar que podían volatilizarse un 40% de sus ahorros en unos pocos meses.

Le comenté que su propósito es extraordinario, que su motivación era excelente, pero que no deje en los demás su futuro y que antes de empezar a invertir en esa clase de activos hay que conocer bien no sólo los riesgos, sino en qué consisten las inversiones y sus ventajas e inconvenientes.

Luna, paralizó las aportaciones que hacía y empezó a depositar sus ahorros en cuentas garantizadas remuneradas hasta que no entendiera bien donde iba a invertir y que desde ese momento no iba a escuchar las opiniones de los demás, pues entendió que lo que es bueno para unos, no tiene por qué serlo para ella.

A mediados de 2022, después de la desgracia acontecida en Ucrania le envié un mensaje para ver como le iban sus inversiones y me dijo que a pesar de lo que estaba pasando era consciente de la situación, tenía claro sus objetivos y que había diversificado en varios productos con lo que ya no se preocupa, sino que se ocupa en seguir aprendiendo y no perder de vista que sus objetivos futuros.

Me alegró escuchar como Luna aprendió la lección y ahora cuenta con la clave para lograr sus sueños.

Miguel es un padre de familia, muy trabajador sin tiempo para dedicar a sus cosas pues su único deseo y esperanza es que sus hijos puedan tener un futuro mejor que el suyo y puedan ir a la universidad y tener buenos trabajos.

Miguel estaba divorciado y dos hijos, Elena y Pablo. Para Miguel lo más importante eran sus hijos, por eso entre cuotas hipotecarias, pensión de alimentos entre otros gastos le habían llevado a una situación asfixiante ya que, al no disponer tiempo, iba sobreponiendo la situación entre créditos y préstamos para que nada fallara, hasta que se dio cuenta que no podía más.

Conocía a Miguel porque sus hijos iban al mismo colegio que los míos y habíamos entablado amistad. Un día mientras esperábamos a la salida del colegio, lo vi más serio de lo normal, era un chico no muy hablador, pero nos teníamos confianza, por eso me atreví a preguntarle que le sucedía.

Me dijo que le habían llamado de un banco, que llevaba tres meses de impago de una cuota de un préstamo y que sino regularizaba la situación ese mes tendrían que tomar acciones legales.  Miguel no sabía que hacer, que por más que intentaba ahorrar le resultaba imposible y que estaba desbordado.

Le dije a Miguel que fuéramos al parque y mientras nuestros hijos jugaban un rato hablaríamos los dos. Una vez en el parque, le planteé si alguna vez había hecho un presupuesto personal. 

Miguel no entendía para que necesitaba él un presupuesto, y que además no tenía tiempo y no sabía por donde empezar. Le pregunté si se sabía de memoria los gastos que tenía y los ingresos con los que contaba cada mes.

Entre los dos, abrimos un perfil y rellenamos la información. En 15 minutos, ya estábamos en disposición de empezar a sacar las primeras conclusiones.

Como era una situación excepcional, ayude a Miguel a dar sus primeros pasos.

En primer lugar, le recomendé que tenía que reunificar todos los créditos y préstamos en uno sólo para pagar menos intereses (y menos cuota mensual) recomendándole que visitara algunos comparadores de préstamos personales, esa fue la primera tarea que le encomendé, en segundo lugar, le planteé la posibilidad de ver a que gastos mensuales podría desprenderse. Quedamos en vernos la semana siguiente de nuevo en el parque.

Para mi sorpresa, a la semana siguiente Miguel me comentó que lo había hecho esa misma noche y que ya tenía un único préstamo ahorrándose unos 100€ al mes sólo con eso y que había visto que estaba pagando suscripciones que ya no utilizaban, pero al ser cantidades pequeñas ni se daba cuenta en los extractos de la cuenta.

Miguel había hecho un gran trabajo y al ver que hacer ese pequeño ejercicio había conseguido salvar un problema estaba muy motivado para seguir.

El siguiente paso fue preguntar si había analizado sus ingresos y sobre sus compras. Le pregunté si alguna vez se había planteado que de céntimo en céntimo se podía llenar un vaso, con cara de sorpresa me dijo que no, pero que me escuchaba. Abrimos cuenta en una empresa de servicios financieros que en cada compra que hacía redondeaban la operación y desviaban esos céntimos a una cuenta de ahorro y que de la nómina el mismo día de abono desviara 75 euros como si fuera una cuota de un préstamo en una cuenta remunerada.

Entusiasmado me dijo que se ponía manos a la obra y quedamos en volver a vernos en el parque antes de que acabara el año y que hasta que llegara esa fecha, no hablaríamos más del tema.

Aún quedan meses por delante, pero cuando nos vemos en el colegio su cara lo dice todo, ahora se le ve mucho más desahogado. Ya tengo ganas de que me explique como se siente y como ve las cosas desde que introdujo en su vida la planificación financiera.

Natalia, una mujer alegre y llena de vida, siempre supo que la jubilación sería una etapa crucial en su vida. Desde joven, soñaba con disfrutar de sus años dorados viajando por el mundo, dedicándose a sus hobbies y pasando tiempo con amigxs y familia. Sin embargo, era consciente de que para alcanzar esa meta, era necesario planificar y actuar con inteligencia.

A sus 30 años, Natalia descubrió la regla del 4%, una estrategia para alcanzar una jubilación tranquila, popularizada por William Bengen en 1994. Esta regla sugería que, si un jubiladx retiraba el 4% de sus ahorros cada año y ajustaba esa cantidad a la inflación, sus ahorros podrían durar hasta 30 años.

Natalia quedó fascinada por la simplicidad y el potencial de esta estrategia. Decidió adoptarla como guía para su propio camino hacia la jubilación.

Con entusiasmo, Natalia comenzó a ahorrar e invertir de manera disciplinada. Cada mes, apartaba una parte de sus ingresos para destinarla a su  jubilación. Además,empezó a aprender sobre finanzas personales, aprendiendo sobre diferentes tipos de inversiones y diversificando su cartera para minimizar riesgos.

Los años pasaron y Natalia se mantuvo firme en su compromiso. A pesar de las fluctuaciones del mercado y los altibajos de la vida, nunca perdió de vista su objetivo. Ajustó su plan según sus necesidades y circunstancias, pero siempre se adhirió a los principios básicos de la regla del 4%.

Finalmente, llegó el día tan esperado: Natalia se jubiló a los 65 años. Con una sonrisa radiante y el corazón lleno de satisfacción, contempló sus ahorros acumulados. Gracias a la aplicación constante de la regla del 4%, había logrado alcanzar la seguridad financiera que tanto soñó.

Durante su jubilación, Natalia pudo disfrutar de todas las actividades que siempre había soñado. Viajó a lugares increíbles, se dedicó a la pintura y la escritura, y pasó tiempo de calidad con su familia y amigxs.